"En un musical se necesita libertad para crear un personaje y entender su psicología"
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Enrique R. del Portal (Madrid, 1968) ha estado ligado al género lírico desde pequeño. Aunque en su curriculum predominan los títulos de zarzuela y ópera, a partir de 1992, con Los Miserables en el Teatro Apolo de Madrid, entró en contacto con el mundo de los musicales. En 2007 interpretó su primera obra de Weill y Brecht como Tobby Higgins y Jim Mahoney en Ascenso y Caída de la Ciudad de Mahagonny, dirigido por Manuel y Mario Gas. Ahora en 2009, bajo la dirección de Marina Bollaín y hasta el próximo 13 de Diciembre en el Teatro del Canal, da vida a Mack The Knife en una versión modernizada de La Ópera de los 3 Peniques.
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La Ópera de los 3 Peniques es quizá una de las más populares obras de Kurt Weill y Bertolt Brecht. ¿Qué ha supuesto para ti dar vida a un rol icónico como Mack the knife?
Cuando me lo propusieron fue una verdadera alegría. Es una de las más emblemáticas obras de Weill y Brecht, y diría que de cualquier aficionado al teatro. Es una gozada, sobre todo por la doble dimensión del personaje, y la doble propuesta de su parte actoral: la dramática y la musical. Es un verdadero disfrute.
En 2007 ya te enfrentaste a una partitura de Weill y Brecht, y en 2009 lo haces de nuevo. ¿Cómo has afrontado estos dos trabajos?
Hace un par de años tuve la ocasion de estar en el Mahagonny de Mario Gas. En esa ocasion hacía dos papeles, Tobby Higgins y Jim Mahoney, pero quiza Mahagonny tiene un carácter más musical. En esa obra Weill ganó la partida, y la consideración era mucho más "operística", por la dificultad y las características de las partituras.
En La Ópera nos enfrentamos a un personaje más abierto y más cercano en el tratamiento vocal y estilístico, a diferencia de lo que podríamos llamar un musical. Yo rehuyo de ese adjetivo porque parece que es un saco en el que cabe todo, pero está más cerca del público, a nivel musical. Son muy distintos, y en este caso Brecht dejó más impronta, y en la obra su huella es inconfundible.
¿Qué ha hecho que el acercamiento de La Ópera sea más moderno que el de Mahagonny?
Los directores tienen unas razones a veces inexplicables. Ciertamente la iconografía de Mario era más clásica, más de la época del estreno de la obra, y Marina Bollaín ha optado por la ambientación actual, pero quizá porque en los Peniques lo importante es el texto, el mensaje que quiere transmitir. Realmente el de Mahagonny nadie lo tiene claro, es más importante la música y sin embargo en La Ópera yo creo que lo básico es la crítica a la burguesia y la corrupción. Al hacerlo más cercano, ponerlo en nuestros dias, lo único que hace es enfatizar que la corrupción ahora es la misma que la que había hace 80 años. La condena es la misma.
Tanto Mahagonny como La Ópera de los 3 Peniques siempre suponen una revolución con respecto al resto de títulos de su género. ¿Qué te parece esa función del teatro que le dieron Kurt Weill y Bertolt Brecht?
Creo hay que recuperarla, porque nos estamos adocenando un poco. La cartelera del teatro musical que tenemos en Madrid en los últimos 15 años deja mucho que desear en ese sentido. Se está ofreciendo comercialidad pura y dura. La Gran Vía en lugar de ser un Broadway en pequeño es una lavadora en la que sólo vienen los títulos que parece que van a ser más comerciales, y a veces ni eso. Se está llevando al público a un lugar muy extraño, en que está perdiendo crítica y criterio.
Tambien pierde interés, porque parece que cuando no es un título que está en el circuito de los musicales conocidos o no se ha estrenado hace 20 días en Broadway no interesa. No es mal momento para empezar a echar la vista atrás, para mirar a nuestro a alrededor y saber qué nos interesa, y saber que hay clásicos como Weill o Brecht, echar mano de obras de 30 o 40 años que sin duda están de una terrible actualidad. Y porqué no, podemos empezar a ver nuestro repertorio español, porque hay títulos dentro de nuestra zarzuela, dentro del género lírico español, que son muy interesantes.
Es complicado animar a las empresas porque la zarzuela es un género con unos gastos tremendos. Montarla bien puede costar lo mismo que montar los Miserables o El Fantasma. Soy defensor de la zarzuela, pero es dificil que compita con grandes títulos. No creo que pueda entrar en un circuito comercial como la Gran Vía. Pero en contra de lo que la mayoróa de la gente puede pensar, se puede hacer zarzuela de manera más moderna, porque la gente asocia al género es la manera en que se hacia hace 40 años, y no tiene porqué ser algo tan arraigado a la época en que se escribió.
Has enfocado tu carrera principalmente hacia el género lírico. ¿Qué te hizo dar el paso a los musicales con Les Miserables?
Yo lo que he trabajado sobre todo ha sido Zarzuela. Debuté profesionalmente como solista en el 90, y en el 92 surgen Los Miserables. Practicamente empecé en los dos mundos a la vez. Yo vengo de una familia dedicada a la zarzuela, tenía cierta lógica que terminase ahi, pero antes de ella estaba en un grupo de rock en los años 80, así que podía haber salido por cualquier otro lado. Me pudo la escena, me ganó el mundo del teatro. En el musical se juntaba la escena, la música, y para mí era la magia.
Como Enjolras en Los Miserables
Aunque se habían hecho musicales antes, Los Miserables se recuerda por quien lo hizo y por quien lo vió como un mito, una leyenda. ¿Crees que fue por la novedad o por la manera de hacerlo?
Un poco de las 2 cosas. Desde Evita hasta los Miserables transcurren 9 años. Se intentó algún título pero de manera muy fallida. No fue hasta Miserables que se empiezan a hacer musicales con cierta asiduidad, y hasta ahora. Creo que Los Miserables es uno de los mejores espectaculos que se han hecho en Madrid por la calidad, por el equilibrio que había sobre el escenario, en el reparto, y es un título mágico para los seguidores de los musicales. Tiene una energia y una pasión que otros titulos no tienen.
Y la manera en que se hizo, lo mucho que mimamos la producción, está muy lejos de lo que se está haciendo ahora, que es el modo franquicia, exactamente igual que el original de Broadway, y a la hora de la verdad eso no es bueno. El resultado, por muy válido que sea el actor, es que lo hace sin obedecer a nada.
Pero en el montaje de los Miserables, producido aquí también por Cameron Mackintosh, se buscaba traer el mismo espectáculo de Londres, ¿no es cierto?
Sí, el esquema era básicamente el mismo, excepto por un par de movimientos mecánicos que se tuvieron que adaptar porque el Apolo de Madrid era pequeño, no tiene hombro derecho y la chacena es pequeña. Pero a pesar de ser igual, el tratamiento de los actores, que estuvimos trabajando dos meses en el montaje, era el de que tú estabas creando ese personaje, estabas haciendo el personaje por primera vez. La cercanía de los directores hacia los actores, y la lógica que tenían los movimientos de los personajes, tanto tu vida interior como tu tráfico en el escenario no tiene nada que ver con cómo se está tratando a los compañeros hoy en dia en los musicales, que son como números.
Es famoso el caso de La Bella y la Bestia, en el que a los actores se les daba un número, se les decía en que posición tenían que estar, se les marcaban todos los móvimientos y cuándo tenían que hacerlos. Es muy difícil entender la psicología de un personaje así, por no decir imposible.
En tu web dices que siempre que has podido has retomado el género musical. ¿Qué te aporta este género?
Es muy fresco, es tremendamente fresco. Y si hay algo que me gusta mucho de determinados autores, como Kurt Weill, es que no hay ningún problema en pasar de un estilo a otro. En una partitura de musicales, puedes tener sinfónica, habanera, rock and roll,... En otros géneros como la zarzuela o la ópera no te lo ofrecen, porque están ceñidos a un solo estilo. Es más restringido a la época. Pero los musicales te ofrecen la libertad, y son francamente divertidos de hacer, aunque sean duros de trabajar.
Después de Los Miserables directamente te lanzaste a la adaptación y dirección con Oliver! ¿Cómo surgió este proyecto?
Por mediación de unos amigos que pertenecían a un grupo amateur, que hacía cosas muy muy interesantes en los Salesianos de Atocha. Vinieron a charlar conmigo después de Los Miserables, y como hacían una función todos los años, se animaron a grabarla, con sus voces y junto a algunos profesionales que le ayudamos. Vimos quién podía dirigirlo, y ahí quedo. Hay un disco grabado, y es un ejemplo de cómo un producto amateur está mejor que muchos productos profesionales. Trabajan a un nivel que muchas veces superan a los profesionales. Aman el género y eso se nota.
Llegaste después al Fantasma de la Opera, en 2002. ¿Cómo recuerdas esa producción?
Fue una experiencia estupenda, uno de los títulos emblemáticos en musical, pero fallamos en la manera de trabajar en franquicia. No le podías buscar sentido a muchas cosas que hacías porque no lo tenían, ya que obedecía exclusivamente a que esos movimientos y esas ordenes se habían dado desde hacía 18 años en Londres. Y no te lo podían explicar, pero fue una muy buena experiencia. Eso hizo que cambiara mi opinión sobre los musicales, a raiz del Fantasma y la manera de trabajar de las grandes empresas.
Del Portal con David Muro y Armando Pita
Con más de 60 obras a tus espaldas en el género de la zarzuela, ópera y musical, te conviertes en una de las figuras más ejemplares de la lírica en España. ¿Ese niño que siguió los pasos de su padre sigue con la misma ilusión que el primer dia?
Creo que cada vez más, porque lanzarse a esta piscina implica un alto nivel de locura. Lo que mantiene vivo la profesionalidad es la ilusión, y nunca dejar que muera ese niño, nunca perder la curiosidad por los nuevos géneros. Eso es imprescindble.
Muchas gracias, Enrique
Gracias a vosotros.
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