| Entrevista a Eric Idle |
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| Escrito por Juan-José González Pascual y Margarida Araya | |||
| Miércoles, 28 de Octubre de 2009 22:09 | |||
Read this interview in English / Lee la entrevista en Inglés ¿Qué le pareció la función de Spamalot en el Lope de Vega? No era la primera vez que veía Spamalot en español porque vi el espectáculo en Barcelona con el mismo protagonista, Jordi Bosch, como Rey Arturo, pero he conocido a la nueva Dama del Lago, Dulcinea, que es maravillosa. En general, creo que es una producción muy buena y el hecho de que esté dirigido por tres cómicos es muy importante por la cantidad de comedia que hay en el show. Creo que el nivel de baile y de canto en esta producción es espectacular. La coreografía es muy buena, y se ha hecho un buen trabajo. En general, los valores y la calidad de producción son muy buenos. También es para mí muy divertido ver una versión distinta, también se agradece, que haya toques diferentes con respecto a las producciones de Broadway o West End, y veo que tienen un gran efecto en los espectadores. Sin entender las sutilezas, veo que la reacción del público es unánime al gesto o al momento. Hablando con Tricicle me comentaban, a pesar de que ellos son de Barcelona, que la reacción del público de Madrid está siendo más intensa que la de Barcelona, porque a lo mejor allí son más tímidos. Ayer en el teatro celebramos un aniversario muy especial porque Tricicle cumple 30 años, Monty Python cumple 40 y por casualidad, John Cleese 70. Así que sumando los aniversarios... ¡somos como John Cleese! Y además viví un momento muy especial al final de la función con la versión del Always Look... que para mí se ha convertido como en una celebración de Fin de Año, de fin de fiesta que me hizo escribir a Mike Nichols diciéndole "Te echo de menos, ¡ojala estuvieras aquí!" (risas) ![]() Eric Idle (centro) junto a Paco Mir (izq) y la compañía de Spamalot (Madrid) (Fotografía: JJ González Pascual) Con su experiencia en Monty Python, ¿nos puede decir cuál es la clave de la comedia? Es contar la verdad. Es la anti-autoridad, es hacer que la gente deje de molestar a la gente. Es como en el cuento de El Traje Nuevo del Emperador, en el que el humor tiene que señalar "Mirad, ¡ese no lleva nada puesto!" Creo que incluso es la responsabilidad del humor la de sacar las verdades aunque sean peligrosas, y que eso es sano, porque a través de la provocación esto sirve como plataforma para identificar las realidades. El humor es un gen de supervivencia, que ha tenido un papel muy importante en nuestro desarrollo. Es el gen que nos permite darnos cuenta de las cosas y darles la vuelta. ¿Qué tiene el humor de Monty Python para que la gente se siga riendo todavia con él? Creo que una de las cosas que hemos hecho diferente es que nosotros hemos escrito todo, y eso no solía ser lo habitual: estábamos los seis juntos, llevando y poniendo sobre la mesa nuestras distintas sensibilidades. Nunca pretendimos hacer reir más allá de nosotros mismos. Escribíamos para que fuera gracioso para nosotros y con ese espíritu creábamos y, al hacerlo, todos conseguimos una conexión honesta entre nosotros, una manera de trabajar muy clara, lo que ha hecho que el humor pasara de entretenernos a nosotros a más gente. Nadie se sorprende más que nosotros de que esto haya durado más de cuatro semanas. Todo empezó con un programa semanal de la BBC, donde hacíamos nuestros sketches y tuvimos la suerte de hacer lo que queríamos hacer, porque, aunque no sabíamos lo que queríamos hacer, sí que sabíamos lo que no queríamos hacer. No queríamos ser correctos, queríamos ser radicales e irreverentes y meter el dedo en la llaga. Y de hecho fuimos al principio odiados por gran parte del público. De alguna manera conseguimos superar eso y seguir intentando no convertirnos en esa especie de viejecitos adorables. ¿Qué sintió al reunirse el pasado viernes en el Royal Albert Hall con el resto de Monty Python después de tanto tiempo? Fue una reunión muy especial, un Oratorio que compuse con John Du Prez llamado Not The Messiah... he's just a naughty boy. Fue un oratorio completamente: la orquesta y coro de la BBC, una banda de gaiteros y nos reunimos todos los Monty Python, disfrazados. La verdad es que fue muy especial, porque fue como un funeral, pero nadie se había muerto. Hubo un momento precioso al principio porque todos los del grupo estamos haciendo algo diferente ahora. Yo me dedico a escribir comedia y Michael Palin, por ejemplo, hace documentales pero en el show salió vestido de Drag Queen y desde ahí ya nos habíamos ganado al público. También fue genial ver al que ahora es un gran director de cine como Terry Gillian entrar en el escenario y que todavía quiera echarse unas risas y hacer el ganso. Me hizo muy feliz ver que todavia somos esos críos que quieren hacer reir a la gente. El final fue con Michael cantando Lumberjack Song, y todos la coreaban, y después el Always, con velas... Fue muy emocionante, ver que desde el 1969 seguimos haciendo cosas así, y llenamos el Royal Albert Hall hasta la bandera. Fue un momento muy especial, después de muchos años de no hacer cosas juntos. Hubo un momento desde lo más elaborado a lo más sencillo y más tonto. Incluso el público iba disfrazado con los trajes de Monty Python.
Eric Idle (Fotografía: Laura Enrech) ¿Cómo se ha exportado por todo el mundo con un éxito tan grande un tema tan británico como El Rey Arturo y Los Caballeros de la Mesa Redonda? De hecho el musical lo escribimos en EEUU, lo estrenamos en Chicago y luego fue un éxito de Broadway. Estuvo dirigido por Mike Nichols que tampoco es purista en el sentido británico. En América nos permitieron hacer lo que quisimos, pero en Inglaterra nos habrían puesto mucho más freno. El Not The Messiah lo presentamos en Hollywood y de ahí a Canadá y a Australia, antes de Londres. Los ingleses si pueden, te matan. Spamalot realmente no es muy de Monty Python, porque hace dos cosas que los Python nunca harían: le mete sentimientos, emociones y amor. Python, con seis tios, maleducados hasta el extremo, siempre riéndose de que a alguien le cortan la cabeza o algo así, nunca harían algo así. Y además metimos mujeres: las bailarinas, la Dama del Lago y al final todo resulta ser una historia de amor, con una boda, todo muy sentimental. Los Python habrían terminado con un baño de sangre (risas). Eso es lo que hacemos John Du Prez y yo: hemos puesto sentimientos a los momentos y al humor Python, lo hemos hecho más humano. ¿Qué es lo más extravagante que ha visto en una producción de Spamalot?En la versión de Budapest, cuando el Rey Arturo canta "Que solo estoy", sin darse cuenta de que Patsy está ahí de repente todos los caballeros aparecen, y entonces van levantándose cortinas detrás y dejando ver más caballeros hasta que se levanta todo completamente y se ve hasta el fondo del teatro lleno de toda la compañía incluídos los técnicos y todo el mundo que trabaja en la producción. Pero claro, es teatro nacional, no privado... (risas) Con un clásico musical como El Sentido de la Vida, ¿Se ha planteado llevarlo al escenario y hacer El Sentido de la Vida, el musical? Lo intenté. De hecho, escribí cuatro o cinco bocetos, pero no hay una historia, no hay personajes, y además, ya es un musical, porque hay ocho canciones en la película. Nunca resolvimos lo que haríamos con el libreto, y he intentado hacer un show, pero el musical tiene que tener argumento. El argumento es lo más importante, aunque tenga una serie de canciones, porque sino hay historia, consistente, al final no funciona. Me planteé hacerlo un ballet, porque lo puedes hacer como un ballet donde la gente haga pasos tontos, como imitando pasos de ballet (risas) Con el ambiente de crisis en el mundo, ¿de que se ríe ahora? Creo que me río de todo. Porque creo que el humor es una actitud hacia la vida, no es solo algo que practicas. Tu respuesta tiene que ser la risa. Y eso ha hecho que mi vida muy placentera.
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